24 de febrero de 2026 | Silver Spring, Maryland, Estados Unidos | ADRA Internacional Hace cuatro años, el mundo vio cómo Ucrania cambiaba de la noche a la mañana. Las imágenes inundaron todas las pantallas: familias que cargaban lo que podían, fronteras desbordadas por gente que huía, ciudades reducidas a escombros de la noche a la mañana. El mundo miraba y respondía. Era imposible apartar la mirada. Pero cuatro años son mucho tiempo. Los ciclos de noticias avanzan y la atención se desplaza. Para muchas personas, Ucrania ha quedado discretamente en segundo plano: es un conflicto que saben que sigue allí, pero que ya no interrumpe la vida diaria como lo hacía. [Fotografía: cortesía de ADRA Ucrania] Pero esto es lo que no desaparece: la realidad sobre el terreno. Cuatro años después del inicio del conflicto en Ucrania, millones de personas siguen desplazadas. Las familias siguen viviendo en viviendas dañadas o temporales. Los niños siguen creciendo bajo la sombra de la incertidumbre. Y organizaciones humanitarias como ADRA siguen ahí realizando el tipo de trabajo esencial que rara vez aparece en los titulares, pero que transforma vidas cada día. Este informe se ocupa de esas vidas. Se refiere a cómo es realmente el conflicto en Ucrania después de cuatro años, más allá de las noticias de última hora y las estadísticas. Se ocupa de las personas y las historias que merecen ser contadas. Una crisis que no para: cuatro años de necesidades urgentes Aquí hay algo que puede perderse con el paso del tiempo: el conflicto en Ucrania no es un capítulo cerrado. Todavía se está escribiendo. Desde que comenzaron las hostilidades el 24 de febrero de 2022, la magnitud de los desplazados en Ucrania ha sido asombrosa. Según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el conflicto ha desplazado a más de 3 millones de personas dentro de Ucrania y obligado a más de 6,7 millones a buscar refugio en Europa y otros países. Más de 12,7 millones de personas siguen necesitando ayuda humanitaria. Es una cifra tan grande que puede parecer difícil recordar que representa a ese número de personas y vidas reales: madres, hijos, abuelos, vecinos. Y esa necesidad no ha disminuido. Lo que hace que esta crisis represente un desafío especial no es tan solo la magnitud. Es su larga duración. [Fotografía: cortesía de ADRA Ucrania] La respuesta de emergencia está diseñada para la fase aguda: las primeras horas, días y semanas tras el comienzo de la catástrofe. Pero un conflicto que se extiende a lo largo de cuatro años exige algo diferente. Las familias que huyeron de sus hogares necesitan ahora más que comida: necesitan vivienda, apoyo en salud mental y ayuda para reconstruir lo que se perdió. Las comunidades que sobrevivieron a la conmoción inicial ahora conviven con el largo y aplastante peso de la incertidumbre continua. Ese tipo de respuesta sostenida y adaptativa es difícil de mantener. Requiere que las organizaciones estén dispuestas a quedarse cuando la urgencia se sienta menos visible y a seguir apareciendo incluso cuando nadie está mirando. “Hoy, ADRA Ucrania se enfrenta a grandes desafíos. No solo tenemos que responder a las necesidades humanitarias, sino también ayudar a las personas y comunidades para que reconstruyan su resiliencia y su futuro”, dijo Andrii Babentsov, nuevo director de ADRA Ucrania. Cuatro años después, ese compromiso no ha flaqueado. Y las historias que siguen son prueba de cómo se da esto en la práctica. La historia de María: En busca de un terreno firme tras perderlo todo María Baranova recuerda el momento exacto en que su vida se dividió en dos. Estaba embarazada de su tercer hijo cuando la primera explosión sonó fuera de su ventana en Jersón. No pensó instantáneamente en sí misma, sino en sus hijos y el bebé que llevaba. Durante semanas, la familia se escondió en su sótano mientras los bombardeos continuaban, racionando la comida y los medicamentos que les quedaban. Finalmente, no les quedó más remedio que marcharse. [Fotografía: cortesía de ADRA Ucrania] El viaje a Mykolaiv fue aterrador. “Siempre esperábamos que todo terminara pronto”, recuerda María. No fue así. Y el peso de lo que la familia había sobrevivido no desapareció una vez que llegaron a salvo, sino que los siguió. Los niños sufrían de ansiedad. María intentaba ser su fuente de fuerza, aunque llevaba en silencio su propia pena. “Lo hemos perdido todo”, dice. “Perdimos la vida”. Un día se topó con información sobre talleres de psicología organizados por ADRA Ucrania y ADRA Canadá en su ciudad. Decidió ir allí. “Esos talleres me ayudan a desahogarme emocionalmente”, dice. “Hay gente que me entiende y me apoya”. Para María, las sesiones se convirtieron en algo más que un lugar para hablar. Llegaron a ser un espacio donde se sentía escuchada. Y gracias a esta comunidad de mujeres que entienden por lo que ha pasado, María ahora siente que no está sola, lo que le da fuerzas para seguir adelante. La historia de Julia: Las pequeñas cosas que aún importan Julia Kostyniuk y su familia fueron evacuados de la región de Járkov, pero su hogar sigue siendo Járkov, una ciudad que sigue bajo la amenaza diaria de bombardeos. Ella y su marido están haciendo lo que hacen los padres de todas partes: intentando darles a sus tres hijos una vida lo más normal posible, incluso cuando lo normal parece muy lejano. Para Julia, eso significa asegurarse de que a sus hijos no les falte nada. Que puedan aprender, crecer y aun así encontrar momentos de alegría en medio de todo. [Fotografía: cortesía de ADRA Ucrania] Cuando ADRA distribuyó kits educativos a las familias de la zona, la hija menor de Julia, Nika, se iluminó. “Le pareció muy interesante y miró el regalo con entusiasmo”, recuerda Julia. El kit estaba lleno de lo básico: álbumes, cuadernos, pinturas, lápices, bolígrafos. Son cosas que es fácil pasar por alto hasta que se hacen imposibles de conseguir. Para muchas familias que aún viven en Járkov, esa es exactamente